Estilos educativos (I): Padres permisivos

25/01/2018 Elena Miranda
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Estilos educativos

Cuando hablamos de estilos educativos nos referimos a la forma en la se combina la autoridad y el afecto al tratar a nuestros hijos. Podemos ejercer una autoridad más o menos pronunciada. También podemos tener un distinto grado de afecto. Por eso se definen 4 estilos educativos: democrático o asertivo, autoritario, indulgente o permisivo y negligente. A continuación os dejamos el doble eje donde es fácilmente observable dónde se sitúa cada estilo educativo.

familia

Estilo permisivo

Es un estilo en el que la familia se sitúa en una combinación entre el afecto y la permisividad. Se dice que es un estilo basado en la tolerancia. El control que ejercen los padres sobre sus hijos es muy bajo. Es frecuente que se muestren tolerantes ante la expresión de impulsos. Encontramos a padres que protegen a sus hijos, pero en muchos casos de manera excesiva. Tienden a resolver las dificultades de los pequeños sin ofrecer oportunidades para que ellos las resuelvan de forma autónoma. Justifican sus errores y, sobre todo, las normas son poco estrictas y fácilmente negociables, consintiendo en la mayoría de las ocasiones “salirse con la suya”. Si hiciéramos un resumen de éstos y otros aspectos que acompañan a este estilo, diríamos que el estilo permisivo se caracteriza por la libertad unida a un apoyo emocional paterno, es decir, “se hace desde el cariño”.

estilos educativos

Algunas consecuencias educativas del estilo permisivo

Los estilos educativos condicionan el desarrollo de los más pequeños. Todos los estilos educativos tienen unas posibles consecuencias. Se darán en mayor o menor medida en función de la interacción entre el estilo y otras variables personales y sociales. Os detallamos algunas de las consecuencias de consideramos de mayor relevancia:

  1. CONTROL DE LOS IMPULSOS: El hecho de no tener normas claras no ayuda a controlar los impulsos. Sabemos que este control es difícil incluso por los adultos. Sin embargo, cuanto antes se inicie el aprendizaje de esta habilidad, más fácil resultará a los niños lograrlo. Hay que enseñarles a identificar sus emociones .  En segundo lugar, que desarrollen habilidades de escucha activa y reflexiva. Enseñarles alguna estrategia para utilizar en los momentos de ira y, por supuesto, SER EJEMPLO de cómo nosotros hacemos frente a estas situaciones.
  2. ANTEPONER SUS DESEOS AL DE OTROS. Sin quererlo, convertimos a nuestros hijos en unos caprichosos. Se le da poca importancia a la espera. Aunque nuestros hijos sean pequeños es fundamental que aprendan a demorar un deseo.
  3. RESPETO DE NORMAS: Pueden tener dificultades para respetar las normas, ya no solo en el ámbito familiar, sino también en otros contextos cuando otros esperan de ellos un nivel de control de impulsos, habilidades de espera y respuesta a las pautas ajustado a su edad.
  4. AUTONOMÍA: Cuando se cede de forma reiterativa ante las peticiones de ayuda por parte de los más pequeños, podemos de forma indirecta causar que los niveles de autonomía no sean los adecuados.
  5. NIVEL DE ESFUERZO Y TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN: El estar habituados a un refuerzo inmediato hace que estos niños tengan bajos niveles de esfuerzo. de igual forma es muy común que se frustren con facilidad al no obtener algo que desean de forma fácil e inmediata.
  6. AUTOESTIMA Y CONFIANZA: Los niños cuyas familias se mueven en un estilo educativo permisivo suelen tener buenos niveles de autoestima y autoconfianza. Las pautas familiares están cargadas de altos niveles de afecto.

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Entre la permisividad y la restrictividad.

Os dejamos algunas claves para encontrar la equidistancia entre la total autoridad y unos niveles de permivisivdad `poco adecuados para el desarollo de los hijos:

  • Intentar dirigir la conducta del niño a través del razonamiento o la negociación.
  • Usar lo que se denomina “reciprocidad jerárquica” es decir, cada miembro de la familia tiene derechos y obligaciones con respecto  a los demás.
  • La comunicación es recíproca.
  • Se da un alto grado de importancia a la consecuencia social de los actos.
  • Se fomenta la autonomía de los hijos, acompañándolos de manera responsable.

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