Fracaso escolar

En esta época de final de curso, en la que recogemos los resultados académicos de nuestros hijos después de un largo curso, son muchos los padres preocupados por el bajo rendimiento de su hijo. Pero, ¿cuándo podemos hablar de fracaso escolar?

Hablamos de fracaso escolar cuando el alumno no alcanza los objetivos académicos fijados para su curso. Así, el niño no llega al rendimiento mínimo exigido en su nivel escolar, lo que puede suponer malas calificaciones continuadas (no de forma eventual), repetición de curso o escaso o nulo aprendizaje. La peor evolución del fracaso escolar es la que concluye con el abandono escolar.

Hay varios tipos de fracaso escolar:

Primario: Cuando aparecen problemas de rendimiento en los primeros años de la vida escolar del niño, suelen estar asociados a dificultades madurativas y dependiendo de cuales sean, pueden solucionarse espontáneamente o ser la base de un fracaso escolar permanente.

Secundarios: Se produce cuando después de unos años de escolarización muy buena aparecen problemas, generalmente debido a cambios en el niño, como la adolescencia o algún hecho puntual en la vida del niño que interfiere momentáneamente.

Circunstancial: El fracaso es transitorio y aislado, es por tanto algo cuyas causas deben averiguar, para poder poner el remedio adecuado.

Habitual: Los suspensos constituyen la tónica habitual del niño, desde el comienzo de la escolaridad.

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Causas del fracaso escolar

El fracaso escolar no suele tener una única causa, aunque hay algunos factores que pueden pesar más que otros o combinarse en su aparición. Las causas más frecuentes de fracaso escolar:

  • Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH): Es uno de los factores que más peso tienen actualmente en el fracaso escolar. Se estima que entre uno y tres niños de cada clase tendrían TDAH, lo que compromete su evolución académica.
  • Problemas escolares: Estos problemas pueden ser debidos a la falta de un adecuado sistema de aprendizaje o enseñanza, por ausencia de técnicas

    de estudio eficaces, por falta de motivación del alumno, por falta de concentración, o por situaciones de acoso escolar. En cuanto se detecte uno de ellos, conviene ponerse en contacto con el centro escolar y con el profesorado para hacerles frente. En sus primeras etapas escolares es posible inculcar a los niños la motivación necesaria para aprender y el uso de técnicas de estudio y de concentración adecuadas para tener éxito en el trabajo escolar. Si se detecta acoso, hay que actuar enseguida apoyando al niño, de acuerdo con el colegio, pues hay un riesgo alto no solo de fracaso, sino de muchas otras alteraciones a nivel emocional y social.

  • Falta de sueño y descanso: Se estima que tres de cada cuatro niños de 9-10 años no duermen lo suficiente, lo que no les permite en la jornada siguiente rendir bien para asimilar las materias que dan en el colegio, ya que es durante las horas de sueño cuando el cerebro fija lo aprendido durante el día, por lo que la información y la memoria dependen de un descanso adecuado. Una de las causas por las que los niños no duermen lo suficiente es el uso prolongado de ordenadores, teléfonos y tablets por la noche, con una sobreutilización sobre la que están alertando los expertos. Además, la luz de estos dispositivos altera el proceso cerebral del sueño, pues ante la luminosidad, el cerebro no desconecta del todo, pues entiende que debe permanecer despierto.
  • Problemas físicos/sensoriales: Algunos problemas físicos o sensoriales pueden provocar fracaso escolar, sobre todo antes de ponerles solución, ya que, a menudo, pasan inadvertidos y se descubren justamente ante los malos resultados académicos. Es el caso de niños que no oyen o no ven bien, pero no tienen medidas correctoras para compensarlo. De hecho, la hipoacusia y las alteraciones de la visión son uno de los factores que más comprometen la normal evolución escolar del niño, ya que no puede llegar a ver bien la pizarra o a escuchar correctamente las explicaciones. Por este motivo, ante un problema de fracaso escolar, siempre conviene hacer una revisión médica oftalmológica y otorrinolaringológica para descartar esta primera opción.
  • Trastornos de aprendizaje: Los problemas de aprendizaje, sobre todo los referidos a la lectoescritura, pueden provocar fracaso escolar. La buena adquisición de la lectoescritura es clave para interiorizar las distintas materias. Si el niño tiene dificultades de escritura o de lectura, su capacidad comprensiva se ve muy mermada y su rendimiento académico puede caer considerablemente. Entre ellos está la dislexia, disgrafía y discalculia.
  • Problemas intelectuales: Entre los problemas intelectuales que pueden condicionar el fracaso escolar están el retraso madurativo, tener un cociente intelectual (CI) por debajo de la media, o tener altas capacidades (superdotación). En ocasiones, el retraso madurativo se corrige con el paso de los años y el niño que ha comenzado su periodo escolar con ciertos problemas, puede superarlos más adelante, muchas veces al repetir un curso en el que se armonice mejor su edad mental con el nivel educativo. Para los niños con CI limitado (por debajo de 85) suelen proponerse adaptaciones curriculares, más acordes con su nivel intelectual. En el caso de niños con altas capacidades, el fracaso escolar no se produce por problemas de comprensión de la materia, sino por desadaptación. Estos escolares se aburren en clase y necesitan propuestas motivadoras que se añadan (o al margen) a lo aprendido por el resto de la clase.
  • Problemas emocionales: La situación social y familiar tiene mucho peso en el fracaso escolar. El niño debe gozar de un entorno normalizado en su hogar, con normas bien claras y estables, donde haya límites a la vez que reconocimiento, amor y dedicación. El niño desde pequeño debe responsabilizarse de pequeñas parcelas, como sus deberes escolares, y ser capaz de tolerar pequeñas frustraciones sin la sobreprotección paterna. Por otro lado, aquellas familias con escasos recursos y desestructuradas tienen muchas más probabilidades de que los niños fracasen en el colegio, por factores como la falta de motivación y estímulo, el nivel cultural de los padres y los problemas que lleva asociados la marginalidad. También situaciones puntuales en el ámbito familiar, como una separación de los padres, una enfermedad de alguno de los miembros, un cambio de residencia o el nacimiento de un hermano pueden alterar momentáneamente el equilibrio psicológico del niño, con el correspondiente reflejo en su rendimiento académico. Además, la situación emocional del niño puede condicionar su rendimiento escolar de manera decisiva. Los niños con baja autoestima y poca confianza en sí mismos son menos luchadores y se “rinden” más pronto ante las dificultades, como las de una materia no superada. Si esa mala percepción de sí mismos se arrastra desde pequeños, es probable que el niño tenga más posibilidades de fracasar en el colegio. En el extremo, padecer alguna alteración psiquiátrica o psicológica, como ansiedad o depresión (mucho más común entre la población infantil de lo que se cree), influye muy claramente en los malos resultados académicos. También algunas etapas del desarrollo, como la adolescencia, por sus peculiares características pueden presentar más problemas en el rendimiento académico.

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PAUTAS PARA EVITAR EL FRACASO ESCOLAR

  1. Habito de estudio. A estudiar también se aprende. Es fundamental crear un hábito de estudio con los pequeños desde una edad temprana. ¿Cómo?
  • Proporciona un lugar tranquilo y adecuado para que los pequeños realicen sus tareas.
  • Hacer que se sienten cada día a realizar alguna tarea, no es necesario que sea demasiado tiempo, pero que estén centrados en esa tarea. Es bueno intentar que la tarea sea de su interés para que no lo vean como un castigo o una obligación tediosa.
  • Intentar que vaya adquiriendo autonomía en la realización de sus tareas escolares.
  1. Animarles y no abusar del castigo. Si se cansan antes de tiempo, no dejar que abandone la tarea, ponernos con ellos y con cariño, aunque ellos se quejen o incluso lloren ayúdarles a que terminen.
  2. Motivación.  Es fundamental motivar a los pequeños. Debemos hacerles ver dos cosas, que pueden lograrlo, que con esfuerzo se consigue y que conseguir hacerlo les aportará satisfacción personal.
  3. Conocer la causa. Cada caso es único, cada persona tiene sus propias características y circunstancias. Es importante tener esto en cuenta. Si el pequeño presenta dificultades de aprendizaje deberemos actuar de un modo diferente; si tiene algún conflicto emocional debemos centrarnos primero en resolver ese conflicto, etc.
  4. Procurarles un ambiente sano y feliz, libre de conflictos y malestar emocional. Esto no quiere decir ocultarles los problemas, pero si afrontarlos de forma sana y constructiva.
  5. No permitir que se vean como perdedores. Hacerles ver que les queremos por ellos mismos no por sus éxitos y fracasos.
  6. Estimular los procesos de lectoescritura del pequeño. Hacer que lean de forma comprensiva y que se expresen de forma escrita.
  7. Entrena su atención. Proporcionales un espacio libre de distracciones para el estudio, aumenta sus tiempos de centrar atención poco a poco.
  8. Actuar ante los primeros síntomas de fracaso escolar. Realizando una exhaustiva exploración médica y psicológica del niño, que descarte algún tipo de trastorno específico, o la existencia de un problema lectoescritor, déficit de atención, bajo nivel intelectual, etc… para poder tomas las medidas oportunas, estableciendo un diagnóstico precoz que es fundamental en muchos casos.
  9. Reforzar positivamente sus éxitos académicos.

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